La Chica

¿Nunca habéis sentido la curiosidad de espiar a la gente desde algún punto en el que no os vean? Yo lo hacía a menudo desde mi ventana en un 7º piso. Veía a la gente ir de aquí para allá y no podía evitar pensar en qué se había hecho de la cortesía entre las personas, las mismas que pululaban de un lado para otro sin saludar a nadie, completamente desconocidos.

Una noche que, como de costumbre, estaba asomado a mi ventana, me di cuenta de que en aquella calle algo había cambiado. Mi mirada se topó con la de alguien que me observaba desde el edificio de enfrente. Era una chica.

Al principio no logré verla con claridad, pero al forzar un poco la vista la vi perfectamente…y mi corazón sintió algo totalmente nuevo hasta entonces.

Se trataba de una muchacha joven de unos 20 años. Su belleza era inusual. Poseía unos cabellos dorados como el Sol y su brillo sólo era comparable al de los ángeles. Sus ojos, inmensos, eran de un tono azul celeste, pero que yo jamás había visto. Su mirada, lanzada desde el otro lado de la calle, tenía el poder de trastornarme. Contemplé su hermosa figura. Su piel era tan pálida que no parecía haber vida en ella. Sin embargo, encontré una sensualidad fuera de lo común en aquellos rasgos. No podía ver el resto de su cuerpo, ya que me lo ocultaba el muro exterior del edificio y la ventana solo dejaba ver hasta su cintura. A pesar de toda su belleza, no pude ignorar en su rostro una expresión de abandono y tristeza, como si nadie en el mundo supiera de ella.

Para mi sorpresa, de repente aquella diosa clavó su mirada en mí, levantó su mano derecha y la acercó lentamente hacia el cristal de la ventana, que permanecía cerrada, hasta tocarlo. La expresión de su rostro cambió, mostrando ahora una sonrisa en sus finos labios. Yo me quedé helado en mi ventana, con la cara pegada al cristal y respirando con dificultad. No había duda de que sentía algo nuevo en mi interior. Aquella chica era diferente a todas las demás que yo conocía y eso hacía que sintiera una atracción fuera de lo común hacia ella.

Después de unos instantes sonriendo, se alejó de la ventana hacia el interior de la vivienda. Entonces pude ver completamente su cuerpo. Era fino y estilizado, vestía un camisón blanco que acentuaba sus curvas entre las sombras de la noche y su forma de caminar era semejante a la de un felino, como si caminase sobre una esponjosa nube. Se adentro lentamente en la oscuridad interior y desapareció.

Volví a entrar en mi habitación y cerré la ventana. Me quedé pensativo unos instantes, intentando reflexionar sobre lo que había visto y así darle un lógico sentido a la situación. Llegué a la conclusión de que lo que vi no fue real, sino una mala pasada de mi cerebro a causa del cansancio producido por la semana de exámenes que estaba a punto de acabar…

El día siguiente fue como otro cualquiera, sin novedades importantes. Al anochecer, como de costumbre, me quedé despierto para estudiar. Me concentro mejor por la noche. Mi madre abrió la puerta de mi habitación y vi que llevaba entre las manos una taza humeante de café. Me deseó suerte para el examen del día siguiente, me dio las buenas noches y antes de irse me besó en la frente. Todo parecía ir como siempre…hasta que algo me impulsó a dejar la taza sobre la mesa, apagar la lámpara y acercarme a la ventana. Allí estaba ella, de pie, ante la ventana. Lucía de nuevo la sonrisa en su perfecta boca y me observaba fijamente con aquellos preciosos ojos.

De nuevo, como la noche anterior, se adentro en la oscuridad y desapareció, dejándome con una insoportable intriga.

Al día siguiente no pude contenerme y pregunté a algunos compañeros y amigas si conocía a una chica que vivía en el edificio que estaba frente al mío. Sus respuestas fueron negativas. Nadie conocía a ninguna chica que coincidiera con la descripción que yo había dado. Volví frustrado a casa, pensando que podía tratarse de una broma pesada de mis compañeros…

Era ya por la tarde y pronto anochecería. Tomé una decisión. Esperé a que anocheciera, escuchando algunos de mis grupos favoritos de rock y escribiendo algunas poesías. Mi padre llamó a la puerta y entró en mi habitación para decirme que la cena estaba lista. Fue una cena tranquila. Pasaron unos minutos interminables y esperé asomado a mi ventana. Efectivamente, justo a medianoche apareció la chica como siempre, asomada a aquella ventana, mirándome fijamente y sonriendo.

No dudé un instante más.

Salí de casa y atravesé la calle que, a esa hora, estaba desierta y sumida en un silencio impropio de la gran ciudad. Me adentré en el edificio y subí por la escalera hasta el 7º piso. Según la ubicación de su ventana con respecto a la mía, calculé sin error posible la puerta que daba acceso a la vivienda en la que se encontraba la chica. No observé ningún timbre para llamar, cosa que me desconcertó, pero que no me desanimó.

Llamé con decisión a aquella puerta, pero no obtuve respuesta alguna. Empezando a notar la desesperación por conocer a aquella diosa, alcé la voz con la esperanza de que pudiera oírme. Como respuesta, obtuve la leve apertura de la puerta. No sabía qué hacer. Finalmente me decidí y empujé hasta abrir del todo.

La vivienda estaba desierta.

Sin embargo entré y maldeciré mis huesos para toda la eternidad por haber cometido semejante estupidez. La puerta se cerró a mis espaldas súbitamente con un inesperado golpe de viento y me vi dentro de aquella vivienda solo, ya que la chica parecía haberse volatilizado.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo, pero no perdí la calma y me decidí a examinar el lugar en el que me encontraba.

Se trataba de una casa normal, pero de estilo antiquísimo. Los muebles, cubiertos de una espesa capa de polvo, parecían tener siglos de historia, había lámparas de araña, una mesa enorme y sillas a juego, cuadros preciosos y un pequeño espejo colgado de la pared. No había rastro de la chica. Intenté buscarla pero fue en vano. Decidí salir de allí y volver a casa pero, horrorizado, me encontré con que la puerta era imposible de volver a abrir. No había ni un solo cerrojo o cerradura en su parte interior. Presa del pánico, miré por la mirilla de la maldita puerta y el cielo se abrió ante mi al ver que unos vecinos subían por la escalera riendo y charlando. Eran conocidos míos y no dudaría que en cuanto me oyeran, me ayudarían a salir de aquella espantosa casa. Aporreé la puerta con todas mis fuerzas, grité. Todo fue inútil. Nadie parecía oír mis gritos de auxilio. Nadie parecía saber de mi existencia. Sin aliento y sin fuerzas, me volví y pude comprobar que todas las ventanas de la vivienda estaban tapiadas, salvo una.

Me acerqué a ella e intenté abrirla, pero era imposible. De repente, al mirar hacia delante, se me heló la sangre en las venas y entonces comprendí cuál sería mi destino a partir de ese momento.

En el edificio de enfrente, en la ventana de mi habitación, descubrí a la hermosa chica. Su rostro reflejaba una terrible pena y un profundo dolor. Su sonrisa había desaparecido y me miraba con los ojos húmedos y los labios temblorosos. Al fin, una lágrima resbaló sobre su hermosa mejilla y pude leer en sus labios un espantoso “lo siento”, para después desaparecer por última vez y para siempre en la oscuridad interior de la habitación…

…Y desde entonces permanezco aquí, de pie, entre estas paredes, asomándome cada medianoche a la ventana, esperando a que alguien se tropiece con mi mirada y quiera venir a conocerme…

…¿Podrías ser tú?…


Firma:Iván

Anuncios

2 comentarios to “La Chica”

  1. joder k canguelo… xD

  2. interesante=)

    i tambiien de alguna manera triiste
    ^^

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: