El Final

Es el gélido beso del viento lo que le hace despertar y abrir los ojos. Ante sí, lo que antes era la gran ciudad, ahora no hay más que escombros, coches destrozados unos encima de otros, edificios grises mutilados por la metralla de explosivos…

Restos de lo que antaño fue una gran urbe, ahora no es más que un paisaje apocalíptico, colmado de recuerdos malditos.

Sin un destino concreto, comienza a caminar en línea recta, observando cada centímetro que le rodea, contemplando los polvorientos vehículos, muertos, los cristales rotos de escaparates de un gran centro comercial sin vida. En algún punto se detiene, pensativo, recordando momentos de alguna vida pasada quizás…no lo sabe con certeza.

De repente, se da cuenta de que ha llegado a un extremo de la ciudad. Para su sorpresa, no hay carreteras que salgan de ésta, ni siquiera un mísero camino de tierra, tan sólo un desierto infinito y nada más. Ante sí, la inmensidad eterna, un desierto perdido que se extiende hasta donde alcanza la vista, perdiéndose en el horizonte hasta el fin de la realidad.

Tras dudar unos momentos de si es real lo que sus ojos ven o no, alza la vista y puede llegar a otear en el horizonte algo extraño, como una línea difusa, una línea que cada vez se aproxima más y más, hasta tal punto de poder ver con completa exactitud de qué se trata.

Una hilera interminable de lo que parecen sacerdotes católicos, con las vestiduras rasgadas, babeantes y locos, ojos completamente rojos y expresiones malditas encajadas en unos rostros que no tienen nombre, todo un ejército de bestias sedientas de horror y sangre, visión horrible que no querría nadie ni siquiera para su peor enemigo…

Cada vez se acercan más, babeando, rugiendo, sangrando por sus infectas bocas, malditos, endemoniados, cientos y cientos de ellos caminando hacia él…

Tan sólo alcanza a pronunciar unas palabras, cabizbajo y con débil voz: mi nombre es Libertad, para luego sentir un calor inmenso en su interior, desplegar todo su cuerpo en un juego sádico ahogado por un grito ensordecedor, sintiendo cómo oleadas de energía refulgente se despliegan en todas direcciones. Una onda expansiva que alcanza a aquellos engendros malditos, demonios con aliento de azufre, haciéndoles saltar por los aires en mil pedazos, mientras el planeta se consume en una bola de fuego…

FIRMA: Iván

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Una respuesta to “El Final”

  1. k kabrón otro relato pa la colección

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