El amor es maravilloso

El amor es maravilloso, aunque exige pequeños sacrificios personales.

Dave agarró uno de los enormes cubos situados a su lado y lo volcó cuidadosamente sobre Diana, rendida por completo al embrujo de la bañera de estilo dieciochesco en la que se hallaba inmersa.
Cerró los ojos; anticipándose a la sensación, y dejó que fluyera libremente por su delicado cuerpo mientras se frotaba delicadamente piernas y brazos. Dave no pudo evitar tragar saliva. En aquellos momentos; el tiempo dejaba de correr, y sólo existían sus movimientos, deliciosamente calculados.
Ella sonrió.
“Lo sabía”- dijo Dave para sí. Sabía que aquello lo ponía loco. Él le devolvió la sonrisa. No le importaba. Dejó el cubo y se arrodilló junto a la bañera. Ella irguió su fina barbilla, anhelante. Dave pasó la mano tras su cuello y se besaron apasionadamente…
Habían escapado hacía ya tres semanas. Cuando el viejo se enteró de que su hija se había fugado con Dave montó en cólera. No tanto por el cariño que sintiera hacia su hija sino por el hecho de haber sido engañado. Dave sabía que el viejo había contratado algunos matones para encontrarlos pero por ahora habían logrado despistarlos. La pregunta era ¿hasta cuándo?.
No tenía ni idea de porqué el viejo odiaba tanto a su hija. A veces, a Dave le daba la impresión de que el viejo no la odiaba sino que la temía. Quizás porque fuera su único legado, la perpetua constatación de que la vida se le escapaba, de que le quedaba poco tiempo.
De todas formas daba igual. Ahora estaban solos; para siempre. Nadie los podría separar.
En Segovia habían robado un coche y luego se habían dirigido hasta los Pirineos. A los pies de las montañas se habían refugiado en una zona de turismo rústico, cuajada de pequeñas cabañas, lo suficientemente alejadas como para mantener su intimidad. Desde ahí planearían su siguiente destino.
Diana emergió de la bañera como una bella ninfa de cuento de hadas. Dave se apresuró a alcanzar la toalla y ayudarla a secarse. Ella la agarró y comenzó a juguetear de manera inocente. Dave le siguió la corriente.
Poco a poco las caricias y los besos se sucedieron rápidamente, y no tardaron mucho en acabar sobre la cama, donde hicieron el amor salvajemente.
Afuera se había levantado el aire, amenazando una fuerte tormenta. De vez en cuando alguna ramita o brisa golpeaba el cristal de la cabaña, produciendo un sordo ruido.
Dave abrazó a Diana y se zambulló en sus dos pozos azabache. Aquello le aportaba cordura y le relajaba tanto como el baño a Diana. Tardó poco en dormirse.
Cuando despertó, la tormenta había empeorado. Ahora podía escuchar claramente la ventisca colarse por cada una de las diminutas rendijas entre los tablones y el agitar de las hojas al compás del viento.
Diana le miraba desde la bañera, entre divertida y confusa. Dave supo enseguida lo que quería. Se volvió a tumbar y cubrió su cabeza con la almohada.

– No.- exclamó.
– ¡Pero si no sabes lo qué te voy a decir!.- protestó ella.
– Sí lo sé.
– Por favor…

Notó su característica fragancia acercándose, incluso oyó sus estilizados pies desplazándose por la crujiente superficie de madera.

– Está fría…

Dave se descubrió y mostró la mejor de sus caras de fastidio.

– Estamos en la montaña cariño. Lejos de la civilización. Habrás de esperar a que nos marchemos de aquí. – Dave miró a través de la ventana – Quizás mañana…-

Una encantadora mueca de disgusto se dibujó en la cara de Diana.

-¡Por el amor de Dios, Diana!, debe de hacer un frío de muerte ahí afuera, y la cabaña más cercana está al menos a un kilómetro. – Dave se mordió el labio. Sabia que acabaría marchándose, pero encontraba un morboso placer en resistirse todo lo posible.

Ella entrelazó sus dedos con los suyos.

– Te prometo que será la última vez.

Dave la observó una vez más. Era tan hermosa…. Odiándose a sí mismo se levantó y comenzó a vestirse. Ella apenas disimuló su alegría y Dave advirtió el regocijo que sentía al agradarla. No obstante, procuró continuar aparentando su enfado.
Diana le trajo su abrigo y le dio dos besos, uno en la mejilla y otro en el labio.
Dave farfulló algo y salió de la cabaña, con uno de los cubos en la mano. Maldijo cuando la primera ráfaga de viento helado le sacudió en pleno rostro. Se cubrió con el cuello de su abrigo lo mejor que pudo y avanzó bajo los primeros copos de nieve.
Con muchas dificultades logró localizar la cabaña más cercana. Cuando se acercó, pudo apreciar con alivio que estaba habitada: el humo de la chimenea y las luces encendidas así lo indicaban.
Tocó en la puerta un par de veces. Enseguida le abrió una mujer alta, atlética, de cabello moreno y rasgos orientales. La mujer se quedó mirando, de arriba abajo, y luego le invitó a entrar.
Dave entró y se colocó de inmediato ante el hogar. Agradeció en silencio el confortable calor.

– Siento no haberme presentado antes. Soy un maleducado. Mí nombre es Dave.

Ella sacudió la cabeza, restándole importancia al asunto.

– Hace muy mal tiempo para entretenerte en presentaciones afuera. Me llamo Erika. – y le tendió la mano.- ¿Qué es lo que le ha hecho salir con este tiempo, Dave?
– Se me ha acabado la madera y necesito calentarme. El turismo rural es encantador, pero echo en falta las comodidades de la ciudad. Decididamente soy un hombre gris urbano.

Erika se rió maquinalmente, de forma forzada. Dave lo ignoró. Estaba demasiado ocupado estudiándola. Era tan diferente a… . Erika reflejaba una gran confianza en sí misma y no parecía en absoluto frágil y delicada. A su manera, las dos mujeres le atraían. Erika se movía con gracia y rapidez, recordándole a un frío depredador, y sus rasgos…. Dave apartó la vista en cuanto se dio cuenta que llevaba mucho tiempo mirándola.

– No importa. Yo tengo de sobra. – aclaró señalando una pila de leña junto a la chimenea. – ¿Quieres tomar algo?. La verdad es que tengo poco que ofrecer: whisky y galletas. Al menos el licor te hará entrar en calor.

Dave asintió, y la mujer se introdujo en una de las habitaciones. Se oyó el sonido del interruptor y el entrechocar del cristal.

– De todas formas, no tienes por qué irte todavía. Deberías esperar a que amainase la tormenta.

Dave se percató de que el único equipaje de Erika era un bolso de viaje de tamaño reducido. Lo había visto cuando siguió con la mirada a la mujer y reparó en la habitación contigua, la del dormitorio. Se preguntó el porqué de tan poco equipaje para alguien que pretendía quedarse allí unos cuantos días.
Ella volvió con dos vasos en la mano y una botella de whisky.

-¿Estás de paso?. – la pregunta fue brusca, nacida de la paranoia de Dave, y éste se amonestó a sí mismo por su grosería. Erika siguió los ojos de Dave hasta su bolso de viaje negro.
– ¿Lo dices por el equipaje?. Mi marido viene mañana, él trae el resto.

Inconscientemente, mientras que Erika llenaba los vasos de líquido brillante y anaranjado, se fijó en sus manos: no tenía anillo de casada. Tal vez no lo llevara puesto, aunque era sospechoso. Dave se obligó a mantenerse alerta.

– ¿Y tú?.

Dave bebió un sorbo de whisky. Estaba bueno.

– ¿Yo?.
– ¿Tú sí estás de paso?.
– No… la verdad es que no, aunque yo sí he venido sólo. Mi mujer se ha quedado con los niños.

La duda cruzó como un relámpago los ojos de Erika, para luego desaparecer tan pronto como había venido.

– Qué curioso.., los dos casados y solos en la montaña.

Dave apuró su vaso.

– La verdad es que no me gusta mucho estar sólo, pero Mónica no quería venir y yo necesitaba salir de la ciudad. – disfrutaba mintiendo a aquella mujer, aunque sabía que si Diana le cogía flirteando con Erika le mataría sin pensárselo dos veces. Quizás ese fuera el mayor atractivo.

Con la mirada perdida, Erika manoseaba nerviosamente su vaso.

– Tú al menos has conseguido escapar de tu mujer, lo que yo no he conseguido. Matt siempre va conmigo a todas partes. Supongo que tiene miedo de que me pase algo.- Esbozó una media sonrisa amarga.

Dave enarcó las cejas.

– Parece que no le quieres mucho.

Ella agitó la cabeza.

– Hace tiempo que la pasión se agotó entre nosotros. Desde entonces no ha vuelto a ser lo mismo.- Erika suspiró y se acercó a la ventana, súbitamente embargada de tristeza.
– Pero el amor no es sólo pasión, es algo más. Yo sería incapaz de vivir sin Mónica. y ella sin mí. Estoy seguro.

Ella giró el cuello, con una mueca bobalicona dibujada en su rostro.

– Eso es precioso. Ojalá lo nuestro también fuera así.- qué bonito era el amor, pensó Erika. En ese instante quiso que la poseyera. Era tan atractivo, y ella llevaba tanto tiempo sin acostarse con su marido…
– Es fácil. Sólo tenéis que estar dispuestos a hacer cualquier cosa por el otro. Cualquier cosa.- Dave avanzó y la cogió fuertemente de la mano. Ella se encogió, vibrante de emoción y entornó los ojos.

El martillo alcanzó de lleno la cabeza de Erika, aplastando carne y huesos.
El cuerpo de la mujer cayó de inmediato, como un fardo pesado. – Cualquier cosa.- Gritaba a la par que descargaba el martillo una y otra vez, con la cara salpicada de sangre caliente. Cuando terminó, la cabeza de Erika era sólo un amasijo informe. Con la tranquilidad de quien ha hecho algo veinte veces con anterioridad, sacó un plumier de su abrigo y extrajo un bisturí. Con cuidado seccionó limpiamente las muñecas de Erika, y comenzó a llenar el cubo. No conseguiría llenarlo del todo, pero seguro que Diana se alegraba. Ella necesitaba bañarse con frecuencia, para que su hermosura se mantuviera incólume. Y Dave estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por que fuese así pensaba mientras que la sangre goteaba en el viejo cubo de latón. Sonrió al imaginarse de nuevo a Diana sumergiéndose en la bañera llena gracias a él, y no pudo reprimir un escalofrío de satisfacción.
Jamás dejaría que Diana perdiera su sofocante belleza. Jamás.

El amor es maravilloso, aunque exige pequeños sacrificios personales.

Anonimo-Facilitado por Emilio

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2 comentarios to “El amor es maravilloso”

  1. Que bestialidad!!!! Por amor se hacen locuras de todo tipo…y tanto xDD

  2. pero qe obsession
    es un amor obsesiivo definitiivamente
    pero el relato esta geniial

    (:

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