Caza Nocturna

vampiro

Noche gélida, Luna llena. El viento lanza gemidos vagando tristemente entre las ignotas calles de la ciudad. Grupos de jóvenes van y vienen, distraídos, tratando llegar a su punto de reunión habitual. Algún que otro mendigo se cruza, murmurando algo extraño y escueto, mientras bebe a pequeños sorbos una botella de whisky.

No puede evitarlo, de nuevo la misantropía se apodera de él, esa locura que hace presa de su mente, eliminando cualquier atisbo de compasión…Desde ahí arriba, la observación se antoja perfecta. La brisa nocturna acaricia sus pálidas mejillas, llevando consigo el sonido de su nombre al oído de sus víctimas. La luz de la luna proyecta su sombra junto a una gárgola de piedra…

De repente, su mirada queda anclada en la imagen de una joven de cabellos oscuros y largos, tez blanca y figura estilizada. Sus colmillos han crecido, y en sus mejillas ha aparecido un tono rosado, seguido de un inmenso ardor interior que le invita al pecado. Valiéndose de sus artes, desciende hasta ella, mirándola fijamente a los ojos, mientras ella cae presa de su propia inocencia, ruborizándose todo su ser y dejando ver en sus ojos un brillo especial, un brillo de lujuria.

No comprende muy bien por qué, pero siente la necesidad de entregarse a aquél extraño joven aparecido de la nada. El acercamiento provoca un visible escalofrío en su frágil cuerpo, mientras siente cómo los labios del joven rozan suavemente la fina piel de su cuello, dejando escapar un suspiro de placer.

Todo su cuerpo se abandona a la voluntad de aquél desconocido, desea con toda su alma formar parte de su ser, fundirse con su esencia para no separarse jamás…hasta que finalmente puede escuchar una voz susurrada a su oído, pronunciando tan sólo un nombre…”Dorian”…

Como puñales de acero, los colmillos perforan su piel, brotando el preciado líquido vital que sacia la sed del vástago. Pero poco se extiende el instante de gozo para él, pues la joven cae moribunda al poco tiempo bajo el abrazo del muchacho…

“Descansa en paz, preciosa”.

Estas son las últimas palabras que dirige a su víctima, mientras le dedica una insultante sonrisa, perdiéndose entre las sombras de la noche como si de un espectro se tratase, dejándola morir, sobre el frío suelo, en medio de la noche maldita…

Iván Vela

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